Primera (de dos partes)
A eso de las 03:00 de la mañana del 16 de noviembre de 1989 un grupo de soldados del Batallón de reacción inmediata Atlacatl, una unidad elite del ejército salvadoreño entrenada en los Estados Unidos, entró a las instalaciones de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”.
Los soldados, comandados por los Tenientes José Ricardo Espinoza Guerra y Gonzalo Guevara Cerritos tenían una misión: asesinar a su rector Ignacio Ellacuria y a otros cinco sacerdotes jesuitas que, como él, dormían esa noche en la residencia Monseñor Oscar Arnulfo Romero de esa Universidad.
Los asesinos ejecutaron también, para no dejar testigos con vida, a la esposa del conserje y a la hija de ambos de sólo 15 años de edad. Luego de simular un combate en el estacionamiento de la Universidad para intentar atribuir la autoría del crimen a guerrilleros del FMLN, ejecutaron a los jesuitas disparándoles ráfagas en la espalda y dejando sus cuerpos tendidos en el pequeño jardín.
Todo esto sucedió en el marco de la mayor ofensiva insurgente de la guerra, cuando fuerzas del FMLN ocupaban, desde el sábado 11 de noviembre, los barrios más poblados de la capital salvadoreña y la parte nororiental de la ciudad de San Miguel, la tercera en importancia del país.
Durante años se ha manejado la hipótesis de que los asesinos actuaron sólo bajo las órdenes del entonces director de la Escuela Militar; el Coronel Guillermo Benavides, quien, supuestamente, habría ordenado la ejecución de los sacerdotes, cinco de ellos de nacionalidad española, por considerarlos, en un arrebato ideológico típico de aquellos tiempos de intolerancia y escuadrones de la muerte, aliados de la subversión comunista.
Esta versión exculpa convenientemente a los miembros del alto mando del ejército salvadoreño, al propio ex presidente Alfredo Cristiani y sobre todo a integrantes del grupo de asesores militares, políticos y de inteligencia destacados por la administración Reagan en El Salvador.
Más de cuatro mil millones de dólares, a lo largo de más de 10 años, invirtió Washington, en el marco de su doctrina de seguridad nacional que tantas vidas cobrara en América Latina, en el apoyo a los sucesivos gobiernos salvadoreños que enfrentaron a lo largo de más de 12 años a la insurgencia armada.
Sólo faltó al Pentágono una intervención directa y masiva de sus tropas. Armas, logística, adiestramiento de efectivos de la fuerza armada salvadoreña en territorio estadounidense, tecnología, soporte político y de inteligencia y la presencia constante de un grupo de asesores fueron parte del fallido empeño de Washington para derrotar a la guerrilla.
Escudados en la tesis del fanatismo, que permitió a muchos evadir toda responsabilidad, fueron sometidos a juicio y luego encarcelados por unos cuantos años sólo Guillermo Benavides, José Ricardo Espinoza, Gonzalo Guevara Cerritos y unos 40 soldados que participaron en la masacre.
Lo cierto, sin embargo, es que se trató de un crimen de estado y que tanto el alto mando del ejército gubernamental como un grupo de asesores, militares y civiles norteamericanos, no solo estuvieron al tanto de la ejecución sino que la ordenaron y después hicieron esfuerzos consistentes por encubrirla.
Lo cierto también es que el crimen se cometió no tanto por fanatismo sino con un propósito estratégico concreto: impedir que, con los buenos oficios de Ignacio Ellacuria, se concretara un cese al fuego con la guerrilla ocupando posiciones en la capital.
“Cortar el puente” que sólo Ignacio Ellacuria podía tender entre el gobierno salvadoreño, sectores importantes del poder económico y político y gobiernos extranjeros con la propia guerrilla fue el objetivo de quienes lo asesinaron y con él a sus compañeros.
Es verdad que sobre Ellacuria y sus compañeros, como en su momento sobre Monseñor Romero, pesaba una tácita condena de muerte. Su compromiso con la teología de la liberación y la opción preferencial por los pobres lo hizo acreedor a repetidas amenazas y fue la Universidad que dirigía víctima de varios atentados.
Más allá de eso sin embargo estaba la capacidad de este gran intelectual y agudo analista de la realidad latinoamericana para trabajar por la paz. El respeto que en todas partes concitaba lo hacía, en ese momento preciso, el único capaz de frenar el baño de sangre en el que El Salvador se hallaba inmerso.
Por eso lo mataron y de la conspiración para ejecutarlo, según ha quedado consignado en documentos recientemente desclasificados por la CIA y por averiguaciones que en esos tiempos realizamos en el terreno, estuvieron al tanto, desde un inicio, funcionarios civiles y militares norteamericanos.
Conocí a Ellacuria; conocí a sus compañeros y también a quienes los asesinaron. Y de su martirio y esas jornadas terribles es que me propongo escribir la próxima semana.
www.twitter.com/epigmenioibarra
jueves 19 de noviembre de 2009
jueves 12 de noviembre de 2009
PARA CONSTRUIR LA DEMOCRACIA
Como la transición a la democracia, un anhelo largamente perseguido por millones de mexicanos y por el que muchos sufrieron prisión o incluso entregaron su vida, se frustró y hay, por todos lados, señales ominosas de retorno al pasado.
Como hemos perdido el camino hacia la construcción de un país más justo y equitativo; antes que nada por la traición de Vicente Fox, después por la imposición –“haiga sido como haiga sido”- de Felipe Calderón y luego por la falta de imaginación, audacia, creatividad e inteligencia de la izquierda.
Como hace falta recuperar ese aliento vital para salir adelante.
Como no podemos ni debemos permitirnos seguir hundiéndonos en el abismo de la simulación y la desigualdad.
Como estamos hartos de seguir siendo víctimas de gobernantes ineficientes, medrosos y corruptos que han hecho de la impunidad una segunda piel.
Como tenemos, por fuerza, que recuperar la esperanza y abandonar, aunque sea por un viernes, en este espacio al menos, la crónica del desastre que vivimos.
Me aventuro entonces a presentar, siguiendo la reiterada petición de los lectores que, hartos de la critica, quieren propuestas, tres iniciativas.
Primero y antes que nada insisto en la necesidad urgente de una moratoria de toda la publicidad oficial.
Que cesen de una vez y para siempre el gobierno federal, los gobiernos estatales y municipales, todas las instituciones del estado ese pernicioso, estridente y apabullante bombardeo propagandístico al que nos tienen sometidos.
Que así nos devuelvan a los ciudadanos, de una vez y para siempre, la voz para juzgarlos; elegirlos; desecharlos.
Que no nos digan ya –con el dispendio de miles de millones de pesos de la hacienda pública- en cada corte comercial, de la radio o la televisión, lo que hacen por nosotros y que se sometan, sin más escudo que sus propias acciones, al escrutinio público.
Que sea así la imagen pública del funcionario, del legislador, del magistrado, la que sus propios actos construyen y no la que publicistas, expertos en imagen y charlatanes de toda laya nos imponen.
Que no sean más los medios electrónicos –por la vía de la manipulación y el tráfico de espacios en pantalla o en el dial- los grandes electores y que nos sea devuelta a los votantes una soberanía por la cual hemos luchado y que nos ha sido arrebatada por los grandes concesionarios de los cuales, hoy, como la frustrada democracia mexicana, somos sólo rehenes.
No hablo, como Cesar Nava, quien aprovechando esa corriente que en contra de la política como medio para entendernos, han sembrado, de manera suicida e irresponsable, la televisión y su partido hecho gobierno, quien propone la suspensión del subsidio estatal a los partidos políticos.
Esa es sólo una maniobra más de quien, hipócrita y oportunista, sabe que cuenta con el aparato y el presupuesto federal para promoverse.
Hablo de la suspensión inmediata y total de toda actividad publicitaria de todas las instituciones del estado.
En segundo lugar propongo la creación de una institución autónoma para combatir la pobreza y hablo también del establecimiento de políticas de estado que rijan la actividad de la misma.
Así como se creó la CNDH ha de crearse, de inmediato, pues en ello nos va la posibilidad de sobrevivir como nación, una institución que vea por los pobres de este país.
Una institución que administre los recursos públicos para beneficio de las grandes mayorías sin convertir a lo pobres en rehenes o en clientes de uno u otro partido.
Que dejen ya los gobiernos y los partidos de explotar el hambre y la miseria.
Basta pues de programas como “solidaridad”, “progresa” y “oportunidades” que son sólo instrumentos electorales.
Atender a los millones de pobres de este país no puede seguir siendo, por la vía de la extorsión y el clientelismo, botín en disputa, como propone el PRI, entre el gobierno federal y los gobiernos estatales.
Propongo por último y porque la impunidad ha sido hasta ahora y habrá de ser en el futuro, si lo seguimos permitiendo, el sustento de gobiernos que manipulan el mandato popular o lo traicionan que se someta, para empezar, a juicio político a Vicente Fox y se lo lleve ante los tribunales.
La revisión de sus 32 cuentas de bancarias y de las de sus dependientes no es suficiente; hay que llegar al fondo. La magnitud de sus faltas exige una acción contundente.
Ese hombre, el que prometió sacar al PRI de los Pinos, el que entregó a los mismos de siempre el manejo de la hacienda pública y dejó a los suyos medrar a su antojo, no puede por el bien de una República que exige ser refundada, mantenerse incólume y seguir burlándose de todos nosotros.
Haría falta y para que los gobernantes respeten a los gobernantes, que quien ha delinquido desde el poder, quien ha traicionado a sus votantes, pague con cárcel sus delitos.
Saludable sería en este país y tal como estamos mandar a uno o varios expresidentes a la cárcel. Para que aprendan; para que aprendamos todos.
Son tres propuestas, de entre muchas posibles, que sirven, creo yo, para pavimentar el camino hacia la democracia perdida; traicionada mas bien. ¿Ud. qué piensa?
www.twitter.com/epigmenioibarra
Como hemos perdido el camino hacia la construcción de un país más justo y equitativo; antes que nada por la traición de Vicente Fox, después por la imposición –“haiga sido como haiga sido”- de Felipe Calderón y luego por la falta de imaginación, audacia, creatividad e inteligencia de la izquierda.
Como hace falta recuperar ese aliento vital para salir adelante.
Como no podemos ni debemos permitirnos seguir hundiéndonos en el abismo de la simulación y la desigualdad.
Como estamos hartos de seguir siendo víctimas de gobernantes ineficientes, medrosos y corruptos que han hecho de la impunidad una segunda piel.
Como tenemos, por fuerza, que recuperar la esperanza y abandonar, aunque sea por un viernes, en este espacio al menos, la crónica del desastre que vivimos.
Me aventuro entonces a presentar, siguiendo la reiterada petición de los lectores que, hartos de la critica, quieren propuestas, tres iniciativas.
Primero y antes que nada insisto en la necesidad urgente de una moratoria de toda la publicidad oficial.
Que cesen de una vez y para siempre el gobierno federal, los gobiernos estatales y municipales, todas las instituciones del estado ese pernicioso, estridente y apabullante bombardeo propagandístico al que nos tienen sometidos.
Que así nos devuelvan a los ciudadanos, de una vez y para siempre, la voz para juzgarlos; elegirlos; desecharlos.
Que no nos digan ya –con el dispendio de miles de millones de pesos de la hacienda pública- en cada corte comercial, de la radio o la televisión, lo que hacen por nosotros y que se sometan, sin más escudo que sus propias acciones, al escrutinio público.
Que sea así la imagen pública del funcionario, del legislador, del magistrado, la que sus propios actos construyen y no la que publicistas, expertos en imagen y charlatanes de toda laya nos imponen.
Que no sean más los medios electrónicos –por la vía de la manipulación y el tráfico de espacios en pantalla o en el dial- los grandes electores y que nos sea devuelta a los votantes una soberanía por la cual hemos luchado y que nos ha sido arrebatada por los grandes concesionarios de los cuales, hoy, como la frustrada democracia mexicana, somos sólo rehenes.
No hablo, como Cesar Nava, quien aprovechando esa corriente que en contra de la política como medio para entendernos, han sembrado, de manera suicida e irresponsable, la televisión y su partido hecho gobierno, quien propone la suspensión del subsidio estatal a los partidos políticos.
Esa es sólo una maniobra más de quien, hipócrita y oportunista, sabe que cuenta con el aparato y el presupuesto federal para promoverse.
Hablo de la suspensión inmediata y total de toda actividad publicitaria de todas las instituciones del estado.
En segundo lugar propongo la creación de una institución autónoma para combatir la pobreza y hablo también del establecimiento de políticas de estado que rijan la actividad de la misma.
Así como se creó la CNDH ha de crearse, de inmediato, pues en ello nos va la posibilidad de sobrevivir como nación, una institución que vea por los pobres de este país.
Una institución que administre los recursos públicos para beneficio de las grandes mayorías sin convertir a lo pobres en rehenes o en clientes de uno u otro partido.
Que dejen ya los gobiernos y los partidos de explotar el hambre y la miseria.
Basta pues de programas como “solidaridad”, “progresa” y “oportunidades” que son sólo instrumentos electorales.
Atender a los millones de pobres de este país no puede seguir siendo, por la vía de la extorsión y el clientelismo, botín en disputa, como propone el PRI, entre el gobierno federal y los gobiernos estatales.
Propongo por último y porque la impunidad ha sido hasta ahora y habrá de ser en el futuro, si lo seguimos permitiendo, el sustento de gobiernos que manipulan el mandato popular o lo traicionan que se someta, para empezar, a juicio político a Vicente Fox y se lo lleve ante los tribunales.
La revisión de sus 32 cuentas de bancarias y de las de sus dependientes no es suficiente; hay que llegar al fondo. La magnitud de sus faltas exige una acción contundente.
Ese hombre, el que prometió sacar al PRI de los Pinos, el que entregó a los mismos de siempre el manejo de la hacienda pública y dejó a los suyos medrar a su antojo, no puede por el bien de una República que exige ser refundada, mantenerse incólume y seguir burlándose de todos nosotros.
Haría falta y para que los gobernantes respeten a los gobernantes, que quien ha delinquido desde el poder, quien ha traicionado a sus votantes, pague con cárcel sus delitos.
Saludable sería en este país y tal como estamos mandar a uno o varios expresidentes a la cárcel. Para que aprendan; para que aprendamos todos.
Son tres propuestas, de entre muchas posibles, que sirven, creo yo, para pavimentar el camino hacia la democracia perdida; traicionada mas bien. ¿Ud. qué piensa?
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jueves 5 de noviembre de 2009
REFUNDAR LA REPÚBLICA
Tiene razón el Dr. José Narro, Rector de nuestra máxima casa de estudios, cuando llama y con urgencia a refundar la República. Tanta desigualdad, tanta injusticia, tanta corrupción, tanta ineficiencia, tanta simulación han de terminar ya antes de que la suma de todas ellas termine con nosotros.
La tarea nos corresponde a todos; no a un partido, una facción, una tendencia ideológica; sino a la sociedad que, harta, conciente, unida y decidida, se despierta y actúa. Ya, como decía León Felipe, nos han contado y nos sabemos todos los cuentos.
Los signos ominosos de la debacle están ahí; sólo los ingenuos, los necios, los complacientes o los que, a lo largo de décadas, han resultado beneficiarios de la catástrofe se empeñan en no verlos.
Y para darnos cuenta de la profunda descomposición que vive el país y que, en el ejercicio de lo políticamente correcto, las buenas conciencias se esfuerzan en negar basta tan solo mirar al norte.
Ahí, exactamente como lo hizo Adolfo Hitler, Mauricio Fernández, un siniestro personaje, se aprovecha de la crisis económica, del miedo que invade a la población, explota los instintos más primitivos y se atreve a vanagloriarse de la acción criminal de escuadrones de la muerte cuya entrada en operación se ha dado el lujo de convertir en promesa de campaña primero y ahora en método de gobierno.
Basta también escuchar la radio, ver la TV o leer la prensa para darse cuenta de que la trivialidad, en este asunto tan grave, ha terminado por imponerse.
“Folclórico”, “loco”, “singular” resulta, según muchos, Mauricio Fernández, un personaje que debiera, en otras condiciones, provocar y más allá de la más justificada indignación general, una reacción contundente de condena por parte del gobierno federal y una acción inmediata de las instituciones de procuración de justicia.
Nada se hace; en chiste local se convierte el hombre y sus dichos. En indiferencia y olvido sus atrocidades.
Intolerancia ante quienes piensan distinto. Tolerancia ante el crimen si este se comete desde el poder para, supuestamente, preservar la seguridad de los ciudadanos, sus familias y sus patrimonios. Profetas que prometen limpiar la sociedad de criminales e indeseables. Bienestar económico de corto alcance para unos cuantos. Sobre estas bases se edificó el fascismo.
También sobre el consenso, la uniformidad de los miedos más bien, resultado de la acción implacable de un formidable aparato de propaganda oficial, se levantó la dictadura nazi.
Todo comenzó con el desempleo y el miedo; después la ley y las instituciones, en defensa de las cuales supuestamente se actuaba, se vinieron abajo. ¿Es que acaso a eso nos acercamos sin siquiera darnos cuenta?
Nos hundimos. La República, tal como está, no da más.
El crimen organizado, por ejemplo, le cobra a Fernández, que además de todo es imbecil, un General Brigadier y su escolta por la osadía. Así es la guerra; si escalas el conflicto has de estar prevenido para la respuesta de tu enemigo que, por fuerza, ha de ser proporcional.
¿Cuántas vidas más tendrá entonces que segar Fernández o sus homólogos para, más allá de sus atribuciones, vengar la afrenta?
No digo, sin embargo, que no debe combatirse al crimen organizado. Ni rendirse, ni negociar es el camino. Esta guerra no puede dejar de librarse pero hay que hacerlo siempre dentro del marco de la ley y el más estricto respeto a los derechos humanos. Sólo así puede ganarse.
Quien fuera de la ley lucha se vuelve tan asesino como a los que combate, sin tener, además, la ventaja estratégica. Eso habrá de pasarle a Fernández y a los de su calaña. Asesinos habrá de heredarnos ese alcalde. Quienes hoy lo festejan deberían saber que mañana serán ellos las víctimas.
Las décadas del PRI en el gobierno instauraron la corrupción y la impunidad como forma de vida en el país. Es la desigualdad social resultado del régimen autoritario y la convivencia con el crimen organizado la garantía de la paz hasta entonces vigente.
Vicente Fox entregó el país a los poderes fácticos, ensanchó aun más la brecha entre los pobres y los ricos y cedió amplias zonas del país al crimen organizado. Felipe Calderón, empeñado en ganar una legitimidad que de origen no tiene, no ha podido hacer nada más que tratar de recuperar el terreno cedido por su antecesor, mantener una alianza con quienes lo llevaron al poder y empeñarse en un formidable e inédito esfuerzo propagandístico para decirnos que hoy vivimos mejor.
Los partidos, de izquierda o derecha, por otro lado, ensismismados defienden sólo sus prebendas y privilegios mientras, como pueden, tratan de repartirse lo que queda del botín.
Somos los ciudadanos, son, creo yo, la UNAM y las otras universidades públicas, sus rectores, catedráticos, investigadores y alumnos a quienes toca la tarea de reinventar la nación. No hay tiempo que perder.
Entre los barbajanes como Mauricio Fernández y el crimen organizado, entre la avaricia sin fin de los poderosos y la corrupción y sumisión de los gobernantes, entre la indiferencia y la ineficiencia de los políticos y los partidos ante los grandes problemas nacionales, estamos a punto de perderlo todo.
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La tarea nos corresponde a todos; no a un partido, una facción, una tendencia ideológica; sino a la sociedad que, harta, conciente, unida y decidida, se despierta y actúa. Ya, como decía León Felipe, nos han contado y nos sabemos todos los cuentos.
Los signos ominosos de la debacle están ahí; sólo los ingenuos, los necios, los complacientes o los que, a lo largo de décadas, han resultado beneficiarios de la catástrofe se empeñan en no verlos.
Y para darnos cuenta de la profunda descomposición que vive el país y que, en el ejercicio de lo políticamente correcto, las buenas conciencias se esfuerzan en negar basta tan solo mirar al norte.
Ahí, exactamente como lo hizo Adolfo Hitler, Mauricio Fernández, un siniestro personaje, se aprovecha de la crisis económica, del miedo que invade a la población, explota los instintos más primitivos y se atreve a vanagloriarse de la acción criminal de escuadrones de la muerte cuya entrada en operación se ha dado el lujo de convertir en promesa de campaña primero y ahora en método de gobierno.
Basta también escuchar la radio, ver la TV o leer la prensa para darse cuenta de que la trivialidad, en este asunto tan grave, ha terminado por imponerse.
“Folclórico”, “loco”, “singular” resulta, según muchos, Mauricio Fernández, un personaje que debiera, en otras condiciones, provocar y más allá de la más justificada indignación general, una reacción contundente de condena por parte del gobierno federal y una acción inmediata de las instituciones de procuración de justicia.
Nada se hace; en chiste local se convierte el hombre y sus dichos. En indiferencia y olvido sus atrocidades.
Intolerancia ante quienes piensan distinto. Tolerancia ante el crimen si este se comete desde el poder para, supuestamente, preservar la seguridad de los ciudadanos, sus familias y sus patrimonios. Profetas que prometen limpiar la sociedad de criminales e indeseables. Bienestar económico de corto alcance para unos cuantos. Sobre estas bases se edificó el fascismo.
También sobre el consenso, la uniformidad de los miedos más bien, resultado de la acción implacable de un formidable aparato de propaganda oficial, se levantó la dictadura nazi.
Todo comenzó con el desempleo y el miedo; después la ley y las instituciones, en defensa de las cuales supuestamente se actuaba, se vinieron abajo. ¿Es que acaso a eso nos acercamos sin siquiera darnos cuenta?
Nos hundimos. La República, tal como está, no da más.
El crimen organizado, por ejemplo, le cobra a Fernández, que además de todo es imbecil, un General Brigadier y su escolta por la osadía. Así es la guerra; si escalas el conflicto has de estar prevenido para la respuesta de tu enemigo que, por fuerza, ha de ser proporcional.
¿Cuántas vidas más tendrá entonces que segar Fernández o sus homólogos para, más allá de sus atribuciones, vengar la afrenta?
No digo, sin embargo, que no debe combatirse al crimen organizado. Ni rendirse, ni negociar es el camino. Esta guerra no puede dejar de librarse pero hay que hacerlo siempre dentro del marco de la ley y el más estricto respeto a los derechos humanos. Sólo así puede ganarse.
Quien fuera de la ley lucha se vuelve tan asesino como a los que combate, sin tener, además, la ventaja estratégica. Eso habrá de pasarle a Fernández y a los de su calaña. Asesinos habrá de heredarnos ese alcalde. Quienes hoy lo festejan deberían saber que mañana serán ellos las víctimas.
Las décadas del PRI en el gobierno instauraron la corrupción y la impunidad como forma de vida en el país. Es la desigualdad social resultado del régimen autoritario y la convivencia con el crimen organizado la garantía de la paz hasta entonces vigente.
Vicente Fox entregó el país a los poderes fácticos, ensanchó aun más la brecha entre los pobres y los ricos y cedió amplias zonas del país al crimen organizado. Felipe Calderón, empeñado en ganar una legitimidad que de origen no tiene, no ha podido hacer nada más que tratar de recuperar el terreno cedido por su antecesor, mantener una alianza con quienes lo llevaron al poder y empeñarse en un formidable e inédito esfuerzo propagandístico para decirnos que hoy vivimos mejor.
Los partidos, de izquierda o derecha, por otro lado, ensismismados defienden sólo sus prebendas y privilegios mientras, como pueden, tratan de repartirse lo que queda del botín.
Somos los ciudadanos, son, creo yo, la UNAM y las otras universidades públicas, sus rectores, catedráticos, investigadores y alumnos a quienes toca la tarea de reinventar la nación. No hay tiempo que perder.
Entre los barbajanes como Mauricio Fernández y el crimen organizado, entre la avaricia sin fin de los poderosos y la corrupción y sumisión de los gobernantes, entre la indiferencia y la ineficiencia de los políticos y los partidos ante los grandes problemas nacionales, estamos a punto de perderlo todo.
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jueves 29 de octubre de 2009
PAN Y PRI DOS CARAS: UNA MISMA MONEDA
Continúa el sainete. Se enredan los autores del paquete fiscal. PAN y PRI se echan la culpa de la inminente alza de impuestos mientras se perfila el rostro del que habrá de cargar con el peso histórico de esta pifia monumental.
Felipe Calderón, que se sabe en la mira, de repente y en el colmo de la desesperación, haciendo suyo el discurso de AMLO, se lanza contra la iniciativa privada y acusa a las grandes empresas de no pagar impuestos. Presiona, quema sus naves, sabe que todos, menos él, podrán, al final, escurrir el bulto.
Prometió empleo y no cumplió. Prometió no subir los impuestos y tampoco cumplió. Su sexenio su agota. Los partidos que lo sostienen habrán de endosarle toda la culpa y convenientemente hacerlo a un lado. Chivo expiatorio habrá de ser. Presidente bisagra, será su mote, el que dio pié a la restauración.
Nadie en el PRI o en el PAN, por otro lado, quiere compartir con Calderón el peso de una medida tan impopular como irracional e inoportuna. Pero nadie propone una salida distinta. Tanto el 1% adicional al IVA del PRI o el 2% del impuesto de la pobreza representan de nuevo la salida fácil.
Para tapar el boquete fiscal y paliar los efectos de la crisis los dos partidos mayoritarios quieren aplicar la misma receta de siempre; cargarle la mano al contribuyente, al ciudadano ya de por sí agobiado por la crisis, al que no le queda más remedio que llevarse la mano al bolsillo –y sin tener empleo- pagar más para sobrevivir apenas.
Espantados ante la posibilidad de que la gente les cobre en las urnas el nuevo agravio se culpan mutuamente con el cinismo más descarado. Es el suyo sólo un espectáculo mediático; caminan por la misma senda pero no tienen el valor de reconocerlo. Puestos de acuerdo en lo esencial difieren en lo táctico; cuidan sus votos, no al país.
En ninguno, entre los muchos políticos panistas o priistas que han salido a la palestra, hay el menor asomo de autocrítica, tampoco, el más mínimo compromiso con las grandes mayorías empobrecidas.
No tocan ni con el pétalo de un recorte los millonarios presupuestos de propaganda oficial, no se atreven a recortar salarios y prebendas de los grandes funcionarios, menos todavía a reconocer la responsabilidad de los mismos en los continuos fracasos, en la bancarrota virtual, que su errática gestión ha provocado en las empresas paraestatales y las distintas dependencias del gobierno federal.
Lo suyo es la simulación. Como en el caso de la Compañía de Luz fabrican culpables y los exponen al linchamiento mediático. Tienen un formidable aparato propagandístico –que pagamos todos- para desviar la atención de los verdaderos responsables. Nada se dice de quienes a lo largo de todos estos años dirigieron esa dependencia; de los que establecieron las políticas, supervisaron el servicio, fijaron las tarifas, firmaron licitaciones y contratos, endeudaron a la dependencia.
Hablan de los males del sindicalismo como si no hubieran sido ellos los que hicieron crecer ese monstruo, los que, a punta de privilegios, lo mantienen vivo e impune en tanto les garantiza la permanencia en el poder.
Combaten a unos; los incómodos, mientras continúan sus tratos oscuros e indignos con otros. Persiguen a Esparza y tranzan con Elba Esther. Liquidan electricistas y dejan medrar a petroleros.
Se olvidan los del PRI de los años de corrupción, ineficiencia y caos en el que sumieron al país. De cómo convirtieron en botín el erario público. Se olvidan los del PAN del fracaso de sus supuestos planes alternativos y de su sumisión frente a aquellos a los que, siguiendo el mandato popular expresado en las urnas, deberían haber desplazado del poder.
La verdad es que cogobiernan; que el PAN no tuvo los arrestos para hacer una limpia a fondo y abrir nuevos horizontes. La capacidad de asimilar usos y costumbres del antiguo régimen que les permitió instalarse en el poder habrá de ser paradójicamente la causa de su caída.
Mantuvieron vivo al PRI, le abrieron las puertas y este partido, hoy, de vuelta, viene por ellos.
Fue con Vicente Fox, el que prometiera la captura de peces gordos, con quien se inició la debacle. Falto de coraje, de lucidez, de patriotismo puso a cargo de la hacienda pública a los mismos de siempre y al mantener intactos los pilares del antiguo régimen, al hacer uso de los mismos resortes para garantizar “haiga sido como haiga sido” el ascenso de Calderón al poder marcó inevitablemente el destino de su partido.
El modelo neoliberal, su modelo, hace ya décadas que no funciona y lo saben, lo sabemos todos porque hemos pagado muy caro su tozudez, su ineficiencia, su apego a un dogma; “El consenso de Washington”. Orgullosos contables de empresas que no estadistas cuidan la macroeconomía, el déficit público, hacen a la gente pagar lo que no tienen y hunden todavía más al país.
Pese al intercambio de acusaciones proponen PAN y PRI lo mismo; son lo mismo. Así de sencillo.
http://twitter.com/epigmenioibarra
Felipe Calderón, que se sabe en la mira, de repente y en el colmo de la desesperación, haciendo suyo el discurso de AMLO, se lanza contra la iniciativa privada y acusa a las grandes empresas de no pagar impuestos. Presiona, quema sus naves, sabe que todos, menos él, podrán, al final, escurrir el bulto.
Prometió empleo y no cumplió. Prometió no subir los impuestos y tampoco cumplió. Su sexenio su agota. Los partidos que lo sostienen habrán de endosarle toda la culpa y convenientemente hacerlo a un lado. Chivo expiatorio habrá de ser. Presidente bisagra, será su mote, el que dio pié a la restauración.
Nadie en el PRI o en el PAN, por otro lado, quiere compartir con Calderón el peso de una medida tan impopular como irracional e inoportuna. Pero nadie propone una salida distinta. Tanto el 1% adicional al IVA del PRI o el 2% del impuesto de la pobreza representan de nuevo la salida fácil.
Para tapar el boquete fiscal y paliar los efectos de la crisis los dos partidos mayoritarios quieren aplicar la misma receta de siempre; cargarle la mano al contribuyente, al ciudadano ya de por sí agobiado por la crisis, al que no le queda más remedio que llevarse la mano al bolsillo –y sin tener empleo- pagar más para sobrevivir apenas.
Espantados ante la posibilidad de que la gente les cobre en las urnas el nuevo agravio se culpan mutuamente con el cinismo más descarado. Es el suyo sólo un espectáculo mediático; caminan por la misma senda pero no tienen el valor de reconocerlo. Puestos de acuerdo en lo esencial difieren en lo táctico; cuidan sus votos, no al país.
En ninguno, entre los muchos políticos panistas o priistas que han salido a la palestra, hay el menor asomo de autocrítica, tampoco, el más mínimo compromiso con las grandes mayorías empobrecidas.
No tocan ni con el pétalo de un recorte los millonarios presupuestos de propaganda oficial, no se atreven a recortar salarios y prebendas de los grandes funcionarios, menos todavía a reconocer la responsabilidad de los mismos en los continuos fracasos, en la bancarrota virtual, que su errática gestión ha provocado en las empresas paraestatales y las distintas dependencias del gobierno federal.
Lo suyo es la simulación. Como en el caso de la Compañía de Luz fabrican culpables y los exponen al linchamiento mediático. Tienen un formidable aparato propagandístico –que pagamos todos- para desviar la atención de los verdaderos responsables. Nada se dice de quienes a lo largo de todos estos años dirigieron esa dependencia; de los que establecieron las políticas, supervisaron el servicio, fijaron las tarifas, firmaron licitaciones y contratos, endeudaron a la dependencia.
Hablan de los males del sindicalismo como si no hubieran sido ellos los que hicieron crecer ese monstruo, los que, a punta de privilegios, lo mantienen vivo e impune en tanto les garantiza la permanencia en el poder.
Combaten a unos; los incómodos, mientras continúan sus tratos oscuros e indignos con otros. Persiguen a Esparza y tranzan con Elba Esther. Liquidan electricistas y dejan medrar a petroleros.
Se olvidan los del PRI de los años de corrupción, ineficiencia y caos en el que sumieron al país. De cómo convirtieron en botín el erario público. Se olvidan los del PAN del fracaso de sus supuestos planes alternativos y de su sumisión frente a aquellos a los que, siguiendo el mandato popular expresado en las urnas, deberían haber desplazado del poder.
La verdad es que cogobiernan; que el PAN no tuvo los arrestos para hacer una limpia a fondo y abrir nuevos horizontes. La capacidad de asimilar usos y costumbres del antiguo régimen que les permitió instalarse en el poder habrá de ser paradójicamente la causa de su caída.
Mantuvieron vivo al PRI, le abrieron las puertas y este partido, hoy, de vuelta, viene por ellos.
Fue con Vicente Fox, el que prometiera la captura de peces gordos, con quien se inició la debacle. Falto de coraje, de lucidez, de patriotismo puso a cargo de la hacienda pública a los mismos de siempre y al mantener intactos los pilares del antiguo régimen, al hacer uso de los mismos resortes para garantizar “haiga sido como haiga sido” el ascenso de Calderón al poder marcó inevitablemente el destino de su partido.
El modelo neoliberal, su modelo, hace ya décadas que no funciona y lo saben, lo sabemos todos porque hemos pagado muy caro su tozudez, su ineficiencia, su apego a un dogma; “El consenso de Washington”. Orgullosos contables de empresas que no estadistas cuidan la macroeconomía, el déficit público, hacen a la gente pagar lo que no tienen y hunden todavía más al país.
Pese al intercambio de acusaciones proponen PAN y PRI lo mismo; son lo mismo. Así de sencillo.
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jueves 22 de octubre de 2009
NO MÁS IMPUESTOS
Finalmente el cogobierno PRI-PAN logró aglutinar, en su contra, al más amplio frente opositor. De poco ha valido en este caso la enorme maquinaria de propaganda oficial. Se metieron el gobierno y la aplanadora legislativa con lo que más le duele a la gente y han de pagar, espero y más allá de unos cuantos votos perdidos, las consecuencias.
Contra el paquete fiscal, ese engendro del que tanto y tan patéticamente se queja Cesar Nava tratando ahora, claro, de endosarle la responsabilidad a sus compinches del PRI, se alzan airadas las voces más diversas.
Empresarios, dirigentes sociales y sindicales, militantes de la izquierda electoral usualmente colocados en posiciones antagónicas irreconciliables se suman en la misma demanda: “No más impuestos”.
Sólo una combinación letal de ceguera y soberbia, con la dosis de estupidez propia de quien sólo sabe mirarse en el espejo, podían hacer creer a panistas y priistas coludidos, en este como en tantos otros asuntos, que iban a poder echar a andar así nomás el mentado paquete. Se equivocaron.
Les fallaron, en el apoyo que pensaban seguro e incondicional, sus aliados y señores los empresarios a quienes tanto han servido. A la izquierda, que tenían dividida, estigmatizada y postrada, estas medidas tan impopulares como irracionales, le han devuelto el aliento vital.
Como nunca tienen hoy los dirigentes de la izquierda, si actúan con inteligencia, creatividad, integridad e imaginación la oportunidad y la responsabilidad de volver a jugar un papel protagónico en la conducción de los destinos del país.
Falta, eso sí, que abandonen dogmas y prejuicios, recetas de charlatanes y publicistas, ruindad, intriga y pleitos sectarios y restablezcan –poniendo al país por delante y no sólo sus estrechos intereses electorales- la conexión profunda con los intereses de las grandes mayorías empobrecidas.
A quién se le ocurre, en un país en el que se han perdido, en poco menos de un año, más de un millón de empleos, donde millones de personas han pasado a engrosar las estadísticas de la pobreza alimentaria y donde muchos millones más luchan para sobrevivir apenas un poco más arriba de la línea de la miseria, aferrarse de nuevo a los cánones –que no principios- de la política económica que ha llevado el país a la debacle.
Golpean simultáneamente, con el paquete fiscal, PRI y PAN a patrones y trabajadores, a capitalistas y luchadores sociales. Desalientan la inversión y el empleo. Graban el ingreso y el consumo. Disparan a tontas y a locas en direcciones opuestas. Se atreven a empujar al país un paso más en dirección al abismo. Juegan con fuego.
Indigna profundamente escuchar a diputados priistas darnos, con tanta displicencia y seguridad, lecciones de economía. Ofende escucharlos hablar de los impuestos como si no hubieran sido ellos quienes se dedicaron a enriquecerse por décadas con lo recaudado y a inventar todo tipo de trampas para, colocados en la posición de contribuyentes por que son duchos en eso de ser políticos-empresarios, evadir las obligaciones fiscales.
Cómo se atreven, esos mismos que, en la Secretaria de Hacienda del régimen autoritario, fraguaron esta debacle a hablar de que no quedaba otro remedio, de que es esta la mejor solución. Son ellos y los panistas, esos que los sacaron de Los Pinos y los mantuvieron a cargo de la Hacienda pública, quienes hundieron este país.
Mentira que la crisis nos haya llegado de fuera; de lejos y de muy adentro venía.
Si tanto dinero necesita el gobierno no tenían los legisladores más que hurgar en la cuenta pública del gobierno de Vicente Fox y aclarar qué fue de los excedentes petroleros y qué de los fideicomisos.
Si dinero querían para tapar el boquete que su propia ineficiencia produjo por qué no cortar de tajo y de inmediato el flujo de recursos públicos que se malgasta en la propaganda del Estado, por qué no disminuir privilegios y prebendas a los funcionarios.
Anuncios de medidas fiscales y alzas en los impuestos como las que se han aprobado en México en cualquier otro país hubieran ya provocado o bien paros empresariales si nos atenemos a aquello que afecta al capital o violencia en las calles si hablamos de las medidas que atentan contra la economía familiar.
Aquí el PRI y el PAN no han querido escatimar posibilidades de conflicto. En el colmo de la falta de sensibilidad social, de la más elemental racionalidad política, en la carencia total, incluso, de la más mínima noción de defensa propia, se han atrevido, de un solo plumazo, a convocar lo que puede volverse una tormenta perfecta.
Confían, claro, en que la gente adormecida por la propaganda, esperanzada con el mundial de football, hipnotizada por la pantalla dejará pasar este nuevo agravio. Creen que su capacidad de inclinar la testa ante el sector empresarial y ofrecerle –gracias a que han elevado la corrupción a la categoría del arte- nuevas oportunidades de negocio habrá de amainar el temporal que también ahí se gesta.
Ojalá esta vez se equivoquen. Si de alguna manera la gente soporta de nuevo el golpe sin reaccionar. Si la inacción del capital les garantiza inmunidad sólo se habrá potenciado aun más todavía el estallido social o la falla sistémica en el modelo de control que algún día, si seguimos en esta ruta de colisión, habrán de producirse.
www.twitter.com/epigmenioibarra
Contra el paquete fiscal, ese engendro del que tanto y tan patéticamente se queja Cesar Nava tratando ahora, claro, de endosarle la responsabilidad a sus compinches del PRI, se alzan airadas las voces más diversas.
Empresarios, dirigentes sociales y sindicales, militantes de la izquierda electoral usualmente colocados en posiciones antagónicas irreconciliables se suman en la misma demanda: “No más impuestos”.
Sólo una combinación letal de ceguera y soberbia, con la dosis de estupidez propia de quien sólo sabe mirarse en el espejo, podían hacer creer a panistas y priistas coludidos, en este como en tantos otros asuntos, que iban a poder echar a andar así nomás el mentado paquete. Se equivocaron.
Les fallaron, en el apoyo que pensaban seguro e incondicional, sus aliados y señores los empresarios a quienes tanto han servido. A la izquierda, que tenían dividida, estigmatizada y postrada, estas medidas tan impopulares como irracionales, le han devuelto el aliento vital.
Como nunca tienen hoy los dirigentes de la izquierda, si actúan con inteligencia, creatividad, integridad e imaginación la oportunidad y la responsabilidad de volver a jugar un papel protagónico en la conducción de los destinos del país.
Falta, eso sí, que abandonen dogmas y prejuicios, recetas de charlatanes y publicistas, ruindad, intriga y pleitos sectarios y restablezcan –poniendo al país por delante y no sólo sus estrechos intereses electorales- la conexión profunda con los intereses de las grandes mayorías empobrecidas.
A quién se le ocurre, en un país en el que se han perdido, en poco menos de un año, más de un millón de empleos, donde millones de personas han pasado a engrosar las estadísticas de la pobreza alimentaria y donde muchos millones más luchan para sobrevivir apenas un poco más arriba de la línea de la miseria, aferrarse de nuevo a los cánones –que no principios- de la política económica que ha llevado el país a la debacle.
Golpean simultáneamente, con el paquete fiscal, PRI y PAN a patrones y trabajadores, a capitalistas y luchadores sociales. Desalientan la inversión y el empleo. Graban el ingreso y el consumo. Disparan a tontas y a locas en direcciones opuestas. Se atreven a empujar al país un paso más en dirección al abismo. Juegan con fuego.
Indigna profundamente escuchar a diputados priistas darnos, con tanta displicencia y seguridad, lecciones de economía. Ofende escucharlos hablar de los impuestos como si no hubieran sido ellos quienes se dedicaron a enriquecerse por décadas con lo recaudado y a inventar todo tipo de trampas para, colocados en la posición de contribuyentes por que son duchos en eso de ser políticos-empresarios, evadir las obligaciones fiscales.
Cómo se atreven, esos mismos que, en la Secretaria de Hacienda del régimen autoritario, fraguaron esta debacle a hablar de que no quedaba otro remedio, de que es esta la mejor solución. Son ellos y los panistas, esos que los sacaron de Los Pinos y los mantuvieron a cargo de la Hacienda pública, quienes hundieron este país.
Mentira que la crisis nos haya llegado de fuera; de lejos y de muy adentro venía.
Si tanto dinero necesita el gobierno no tenían los legisladores más que hurgar en la cuenta pública del gobierno de Vicente Fox y aclarar qué fue de los excedentes petroleros y qué de los fideicomisos.
Si dinero querían para tapar el boquete que su propia ineficiencia produjo por qué no cortar de tajo y de inmediato el flujo de recursos públicos que se malgasta en la propaganda del Estado, por qué no disminuir privilegios y prebendas a los funcionarios.
Anuncios de medidas fiscales y alzas en los impuestos como las que se han aprobado en México en cualquier otro país hubieran ya provocado o bien paros empresariales si nos atenemos a aquello que afecta al capital o violencia en las calles si hablamos de las medidas que atentan contra la economía familiar.
Aquí el PRI y el PAN no han querido escatimar posibilidades de conflicto. En el colmo de la falta de sensibilidad social, de la más elemental racionalidad política, en la carencia total, incluso, de la más mínima noción de defensa propia, se han atrevido, de un solo plumazo, a convocar lo que puede volverse una tormenta perfecta.
Confían, claro, en que la gente adormecida por la propaganda, esperanzada con el mundial de football, hipnotizada por la pantalla dejará pasar este nuevo agravio. Creen que su capacidad de inclinar la testa ante el sector empresarial y ofrecerle –gracias a que han elevado la corrupción a la categoría del arte- nuevas oportunidades de negocio habrá de amainar el temporal que también ahí se gesta.
Ojalá esta vez se equivoquen. Si de alguna manera la gente soporta de nuevo el golpe sin reaccionar. Si la inacción del capital les garantiza inmunidad sólo se habrá potenciado aun más todavía el estallido social o la falla sistémica en el modelo de control que algún día, si seguimos en esta ruta de colisión, habrán de producirse.
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jueves 15 de octubre de 2009
REPRESIÓN Y CONSENSO
Hace rato ya que para los regimenes autoritarios –salvo para algunas dictaduras- es más importante el consenso que la represión. Fueron Hitler y Goebbels quienes dieron la pauta. Contra lo que comúnmente se cree en la Alemania nazi la propaganda tenía más peso, al menos entre la población nativa, que el terror y la represión.
Ciertamente, en un primer momento y como lo establece entre otros autores Robert Gelatelly, Adolfo Hitler desató una feroz persecución contra sus opositores comunistas y socialdemócratas. Muchas mujeres y hombres fueron asesinados y decenas de miles terminaron en campos de concentración. El arma más eficaz para destruirlos definitivamente fue, sin embargo, la propaganda.
Pulsando adecuadamente los miedos de la población y reanimando el primitivo sentimiento antisemita y conservador característico del alemán medio, Goebbels logró que millones de personas dieran un salto ideológico radical y se convirtieran, en los hechos, en colaboradores eficaces de la GESTAPO y en guardianes del régimen y garantes de su continuidad.
Pioneros en la aplicación de encuestas semanales los nazis medían rigurosamente los efectos de su política represiva contra la oposición, de sus cada vez más frecuentes y violentas acciones antijudías y de medidas con tremendo potencial antipopular como la eutanasia.
Con los resultados de estos estudios en la mano realizaban campañas propagandísticas, emisiones radiales e incluso películas para modificar las opiniones y la conducta de aquellos que aparecían como objetores de conciencia o de los que, simplemente, manifestaban algún tipo de reserva ante estas acciones del régimen.
La consolidación del III Reich, dependía, según sus ideólogos, de que este gozara de un amplio, rotundo e in disputado consenso entre la población. Aunque los nazis perdieron la guerra no perdieron, ciertamente, esa batalla interna. Sólo eso explica cómo más de 80 millones de personas mataron y murieron con tal frenesí.
No hubo casi ningún alemán ajeno al holocausto o a las masacres efectuadas por las tropas y las unidades de policía en el frente del Este. Todo el mundo lo sabía todo; por cartas, por diarios, por rumores, por la prensa incluso o por estar involucrado de alguna manera en esa gigantesca maquinaria de muerte. Aun en sus aventuras más criminales el régimen logró construir una enorme y compleja red de complicidades.
Muy lejos están, por supuesto y no es mi propósito compararlos, los regímenes autoritarios mexicanos del régimen nazi. No tanto sin embargo, en tanto que autoritarios y antidemocráticos, de algunos de sus métodos más eficaces. Por ejemplo el de la gradual sustitución de la represión como herramienta de control por otros instrumentos, como la corrupción o la propaganda, igualmente eficientes si de construir consensos se trata.
El PRI compraba conciencias, construía clientelas, era la corrupción, además del garrote que nunca dejó de usar del todo, su instrumento esencial de gobierno.
Nacido de un proceso democrático al que traicionó, el gobierno de Vicente Fox mostró muy pronto su rostro autoritario y además de caer en la corrupción generalizada desató una brutal ofensiva propagandística para adormecer conciencias y garantizar la permanencia de su partido en el poder.
En la misma línea Felipe Calderón, cuyo rostro autoritario asoma cada día con cada mayor nitidez, apuesta también a la misma receta.
Los maestros del “haiga sido como haiga sido” pulsan irresponsablemente, poniendo en riesgo la paz, los miedos de la población, alientan al México bárbaro e incentivan la polarización política. Quien protesta, quien se opone al régimen es caracterizado de inmediato como un fanático, como un loco, como un “peligro para México”.
Un creciente y apabullante consenso conservador domina las páginas de los diarios, el cuadrante radial, la pantalla de la televisión y campea un clima de linchamiento mediático.
En un cínico ejercicio de doble y cara y doble moral se condena al Sindicato Mexicano de Electricistas mientras se mantiene una oscura e indigna relación con personajes como Elba Esther Gordillo o como Salvador Barragán.
Dice Ciro Gómez Leyva que las encuestas demuestran el apoyo popular a la liquidación de Luz y Fuerza del Centro. ¿Y cómo habría de ser de otra manera estando la población sometida a tan inclemente bombardeo propagandístico?
Anduve este jueves en la marcha; la caminé como he caminado tantas otras sólo que, esta vez, sin la cámara al hombro. Viví esa marea enorme y encrespada. Unos dirán, ateniéndose de nuevo a las encuestas, que no fue nada. Un episodio más, el estertor final. ¿Quién sabe?
Lo cierto es que lo que la izquierda no había logrado en años lo consiguió Calderón: los jóvenes salieron de nuevo a la calle; alegres y encabronados. ¿Será que son inmunes a la propaganda? No lo sé. Eso espero.
En todo caso al verlos pienso en Bertolt Brecht y vuelvo a la Alemania de la represión y el consenso; hay, aunque sean pocos, quienes no se quedan mirando a través de la ventana como se llevan al vecino y por los que, de tan conformes y adormecidos que están, habrán de venir mañana. Esos jóvenes me parecieron de esa pasta. De los que no se quedan con los brazos cruzados.
http://twitter.com/epigmenioibarra
Ciertamente, en un primer momento y como lo establece entre otros autores Robert Gelatelly, Adolfo Hitler desató una feroz persecución contra sus opositores comunistas y socialdemócratas. Muchas mujeres y hombres fueron asesinados y decenas de miles terminaron en campos de concentración. El arma más eficaz para destruirlos definitivamente fue, sin embargo, la propaganda.
Pulsando adecuadamente los miedos de la población y reanimando el primitivo sentimiento antisemita y conservador característico del alemán medio, Goebbels logró que millones de personas dieran un salto ideológico radical y se convirtieran, en los hechos, en colaboradores eficaces de la GESTAPO y en guardianes del régimen y garantes de su continuidad.
Pioneros en la aplicación de encuestas semanales los nazis medían rigurosamente los efectos de su política represiva contra la oposición, de sus cada vez más frecuentes y violentas acciones antijudías y de medidas con tremendo potencial antipopular como la eutanasia.
Con los resultados de estos estudios en la mano realizaban campañas propagandísticas, emisiones radiales e incluso películas para modificar las opiniones y la conducta de aquellos que aparecían como objetores de conciencia o de los que, simplemente, manifestaban algún tipo de reserva ante estas acciones del régimen.
La consolidación del III Reich, dependía, según sus ideólogos, de que este gozara de un amplio, rotundo e in disputado consenso entre la población. Aunque los nazis perdieron la guerra no perdieron, ciertamente, esa batalla interna. Sólo eso explica cómo más de 80 millones de personas mataron y murieron con tal frenesí.
No hubo casi ningún alemán ajeno al holocausto o a las masacres efectuadas por las tropas y las unidades de policía en el frente del Este. Todo el mundo lo sabía todo; por cartas, por diarios, por rumores, por la prensa incluso o por estar involucrado de alguna manera en esa gigantesca maquinaria de muerte. Aun en sus aventuras más criminales el régimen logró construir una enorme y compleja red de complicidades.
Muy lejos están, por supuesto y no es mi propósito compararlos, los regímenes autoritarios mexicanos del régimen nazi. No tanto sin embargo, en tanto que autoritarios y antidemocráticos, de algunos de sus métodos más eficaces. Por ejemplo el de la gradual sustitución de la represión como herramienta de control por otros instrumentos, como la corrupción o la propaganda, igualmente eficientes si de construir consensos se trata.
El PRI compraba conciencias, construía clientelas, era la corrupción, además del garrote que nunca dejó de usar del todo, su instrumento esencial de gobierno.
Nacido de un proceso democrático al que traicionó, el gobierno de Vicente Fox mostró muy pronto su rostro autoritario y además de caer en la corrupción generalizada desató una brutal ofensiva propagandística para adormecer conciencias y garantizar la permanencia de su partido en el poder.
En la misma línea Felipe Calderón, cuyo rostro autoritario asoma cada día con cada mayor nitidez, apuesta también a la misma receta.
Los maestros del “haiga sido como haiga sido” pulsan irresponsablemente, poniendo en riesgo la paz, los miedos de la población, alientan al México bárbaro e incentivan la polarización política. Quien protesta, quien se opone al régimen es caracterizado de inmediato como un fanático, como un loco, como un “peligro para México”.
Un creciente y apabullante consenso conservador domina las páginas de los diarios, el cuadrante radial, la pantalla de la televisión y campea un clima de linchamiento mediático.
En un cínico ejercicio de doble y cara y doble moral se condena al Sindicato Mexicano de Electricistas mientras se mantiene una oscura e indigna relación con personajes como Elba Esther Gordillo o como Salvador Barragán.
Dice Ciro Gómez Leyva que las encuestas demuestran el apoyo popular a la liquidación de Luz y Fuerza del Centro. ¿Y cómo habría de ser de otra manera estando la población sometida a tan inclemente bombardeo propagandístico?
Anduve este jueves en la marcha; la caminé como he caminado tantas otras sólo que, esta vez, sin la cámara al hombro. Viví esa marea enorme y encrespada. Unos dirán, ateniéndose de nuevo a las encuestas, que no fue nada. Un episodio más, el estertor final. ¿Quién sabe?
Lo cierto es que lo que la izquierda no había logrado en años lo consiguió Calderón: los jóvenes salieron de nuevo a la calle; alegres y encabronados. ¿Será que son inmunes a la propaganda? No lo sé. Eso espero.
En todo caso al verlos pienso en Bertolt Brecht y vuelvo a la Alemania de la represión y el consenso; hay, aunque sean pocos, quienes no se quedan mirando a través de la ventana como se llevan al vecino y por los que, de tan conformes y adormecidos que están, habrán de venir mañana. Esos jóvenes me parecieron de esa pasta. De los que no se quedan con los brazos cruzados.
http://twitter.com/epigmenioibarra
jueves 8 de octubre de 2009
UNA ACCIÓN CIUDADANA PARA FRENAR LA PUBLICIDAD DEL ESTADO
De nada sirvieron las dos cartas publicadas aquí. Los legisladores no acusaron recibo. Ninguno de ellos; ni siquiera los de la izquierda, se dio por aludido. Tampoco se pronunciaron -ni en defensa propia- y aunque son ellos los que más gastan, los funcionarios de las distintas dependencias del gobierno federal, de la jefatura de gobierno de la ciudad o de los otros estados de la república.
El bombardeo propagandístico del Estado continúa y al parecer a nadie, dentro del aparato burocrático, se le ocurre pensar que es malsano, excesivo, totalmente inadecuado y más todavía en momentos de crisis como el que estamos atravesando, malgastar el dinero público a raudales, pregonando las supuestas virtudes de servidores públicos e instituciones.
Escribo desde Madrid en donde ni el gobierno español, ni la municipalidad, ni las Cortes gastan un euro en autopromoverse como, estoy seguro, tampoco lo hacen el resto de los gobiernos europeos. Escucho la radio, veo la televisión, camino por las calles sin ser asaltado por el ensordecedor pregón al que estamos acostumbrados en México.
Si algo aquí se comunica desde el Estado y con recursos públicos, es para prevenir, orientar, educar o servir a la población y no para nutrir el ego de funcionarios y legisladores y pavimentar su carrera política.
La publicidad política, por otro lado, está severamente reglamentada y se produce sólo dentro de los lapsos legales cercanos a la elección. Eso, en contraposición de lo que piensan los comunicólogos mexicanos, la hace incluso –por mesurada- más eficiente y creíble.
Quien de entre los servidores públicos aparece en la prensa o en los noticieros de la radio o la TV, se lo ha ganado con sus acciones o con sus omisiones, ha hecho noticia de tanto acertar o de tanto fallar en el desempeño de sus funciones.
El posicionamiento ganado ante la opinión pública -en la mayoría de los casos porque aquí también se cuecen habas- es resultado de sus propios actos y no del gasto indebido de los dineros públicos.
“¿Cuándo se va a cansar –me preguntó una reportera en el estreno de “Backyard”, la película de Sabina Berman y Carlos Carrera sobre los feminicidios en Ciudad Juárez, en la que tuve el privilegio de participar- de tocar estos temas sociales y políticos, de pegarle con la cabeza al mismo muro?”. “Me voy a cansar –le respondí- cuando se caiga el muro”.
En esas mismas ando con este otro tema: el de la moratoria inmediata a la excesiva y grosera publicidad del Estado, así que, de nuevo, aprovecho este espacio e insisto en que es preciso detener de inmediato el bombardeo; poner coto a la sangría que tanto funcionario venal hace al erario.
Insisto en el tema pero ya no busco ni que me lean, ni que me escuchen y menos todavía que me respondan esos a los que tanta palabrería ha dejado sordos –es inútil hablarle al poder y pedirle que se modere- sino que me dirijo a usted querido lector que, como yo, paga y padece estos excesos.
Es preciso que seamos nosotros, los ciudadanos, quienes tomemos cartas en el asunto. Hemos sido sometidos durante tantos años y de tal forma al bombardeo publicitario del Estado que quizás muchos piensan que, como éste forma parte ya del paisaje visual y sonoro de nuestro atribulado país, no hay otra forma de vida.
No es así, esta irracional y desproporcionada adicción a los anuncios y campañas de los servidores públicos y políticos mexicanos, de todos los partidos políticos además, se nos ha impuesto a la mala y puede y debe ser detenida.
Quienes detentan el poder han aprovechado los vacíos legales, la falta de trasparencia en el ejercicio de la función pública, los malsanos usos y costumbres del antiguo régimen, para hacernos creer que está bien, que se vale, que sirve de algo gastar tanto dinero público en autopromoverse.
Como ellos son rehenes de publicistas, expertos en imagen y charlatanes de toda laya quieren –ya lo han logrado parcialmente- a punta de spots y campañas, uno tras otro, minuto tras minuto, medio tras medio, muro tras muro, día tras día, volvernos rehenes a nosotros también.
Poco les importa además que ese dinero, que no les pertenece y que con tanto desparpajo gastan, no sirva para un carajo. La saturación ha provocado que nadie les crea. Sus mensajes ya son –y hablo, insisto en eso, de la propaganda de todas las instituciones y de funcionarios de todos los partidos y orientaciones políticas- sólo un molesto y constante ruido carente de sentido para el ciudadano.
Desalentado y harto un lector planteaba en mi blog y con respecto al último artículo, que era preciso acompañar la critica con propuestas. Aquí va una: organicémonos para exigir al gobierno federal y a los gobiernos estatales, al Congreso de la República, a las distintas bancadas, al Poder Judicial de la Federación, que den cuenta cabal y precisa de cuánto gastan en publicidad.
Exijamos que se detenga de inmediato ese gasto. Organicémonos para hacer un vacío a esa propaganda. No es cierto que sólo a punta de spots muera el que a punta de spots mata. Inundemos de cartas a las distintas dependencias, usemos la red y los espacios públicos, alcemos la voz para demandar silencio inmediato a esos que están ahí para servirnos y no para vanagloriarse de los tan pobres resultados que entregan.
El bombardeo propagandístico del Estado continúa y al parecer a nadie, dentro del aparato burocrático, se le ocurre pensar que es malsano, excesivo, totalmente inadecuado y más todavía en momentos de crisis como el que estamos atravesando, malgastar el dinero público a raudales, pregonando las supuestas virtudes de servidores públicos e instituciones.
Escribo desde Madrid en donde ni el gobierno español, ni la municipalidad, ni las Cortes gastan un euro en autopromoverse como, estoy seguro, tampoco lo hacen el resto de los gobiernos europeos. Escucho la radio, veo la televisión, camino por las calles sin ser asaltado por el ensordecedor pregón al que estamos acostumbrados en México.
Si algo aquí se comunica desde el Estado y con recursos públicos, es para prevenir, orientar, educar o servir a la población y no para nutrir el ego de funcionarios y legisladores y pavimentar su carrera política.
La publicidad política, por otro lado, está severamente reglamentada y se produce sólo dentro de los lapsos legales cercanos a la elección. Eso, en contraposición de lo que piensan los comunicólogos mexicanos, la hace incluso –por mesurada- más eficiente y creíble.
Quien de entre los servidores públicos aparece en la prensa o en los noticieros de la radio o la TV, se lo ha ganado con sus acciones o con sus omisiones, ha hecho noticia de tanto acertar o de tanto fallar en el desempeño de sus funciones.
El posicionamiento ganado ante la opinión pública -en la mayoría de los casos porque aquí también se cuecen habas- es resultado de sus propios actos y no del gasto indebido de los dineros públicos.
“¿Cuándo se va a cansar –me preguntó una reportera en el estreno de “Backyard”, la película de Sabina Berman y Carlos Carrera sobre los feminicidios en Ciudad Juárez, en la que tuve el privilegio de participar- de tocar estos temas sociales y políticos, de pegarle con la cabeza al mismo muro?”. “Me voy a cansar –le respondí- cuando se caiga el muro”.
En esas mismas ando con este otro tema: el de la moratoria inmediata a la excesiva y grosera publicidad del Estado, así que, de nuevo, aprovecho este espacio e insisto en que es preciso detener de inmediato el bombardeo; poner coto a la sangría que tanto funcionario venal hace al erario.
Insisto en el tema pero ya no busco ni que me lean, ni que me escuchen y menos todavía que me respondan esos a los que tanta palabrería ha dejado sordos –es inútil hablarle al poder y pedirle que se modere- sino que me dirijo a usted querido lector que, como yo, paga y padece estos excesos.
Es preciso que seamos nosotros, los ciudadanos, quienes tomemos cartas en el asunto. Hemos sido sometidos durante tantos años y de tal forma al bombardeo publicitario del Estado que quizás muchos piensan que, como éste forma parte ya del paisaje visual y sonoro de nuestro atribulado país, no hay otra forma de vida.
No es así, esta irracional y desproporcionada adicción a los anuncios y campañas de los servidores públicos y políticos mexicanos, de todos los partidos políticos además, se nos ha impuesto a la mala y puede y debe ser detenida.
Quienes detentan el poder han aprovechado los vacíos legales, la falta de trasparencia en el ejercicio de la función pública, los malsanos usos y costumbres del antiguo régimen, para hacernos creer que está bien, que se vale, que sirve de algo gastar tanto dinero público en autopromoverse.
Como ellos son rehenes de publicistas, expertos en imagen y charlatanes de toda laya quieren –ya lo han logrado parcialmente- a punta de spots y campañas, uno tras otro, minuto tras minuto, medio tras medio, muro tras muro, día tras día, volvernos rehenes a nosotros también.
Poco les importa además que ese dinero, que no les pertenece y que con tanto desparpajo gastan, no sirva para un carajo. La saturación ha provocado que nadie les crea. Sus mensajes ya son –y hablo, insisto en eso, de la propaganda de todas las instituciones y de funcionarios de todos los partidos y orientaciones políticas- sólo un molesto y constante ruido carente de sentido para el ciudadano.
Desalentado y harto un lector planteaba en mi blog y con respecto al último artículo, que era preciso acompañar la critica con propuestas. Aquí va una: organicémonos para exigir al gobierno federal y a los gobiernos estatales, al Congreso de la República, a las distintas bancadas, al Poder Judicial de la Federación, que den cuenta cabal y precisa de cuánto gastan en publicidad.
Exijamos que se detenga de inmediato ese gasto. Organicémonos para hacer un vacío a esa propaganda. No es cierto que sólo a punta de spots muera el que a punta de spots mata. Inundemos de cartas a las distintas dependencias, usemos la red y los espacios públicos, alcemos la voz para demandar silencio inmediato a esos que están ahí para servirnos y no para vanagloriarse de los tan pobres resultados que entregan.
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