jueves, 10 de septiembre de 2009

AMENAZAS REALES

(segunda y última parte)

¿Qué puede hacer un joven campesino, víctima de la miseria crónica del campo, ante una oferta de plata o plomo? ¿Cómo resistir la tentación del enriquecimiento rápido y fácil y el poder que el narco ofrece cuando ese mismo joven, desempleado, marginado, despreciado por la sociedad ha sido víctima toda su vida de la corrupción y los abusos de las autoridades gubernamentales y los poderosos de este país? ¿En quién puede confiar entonces, quién si resiste la tentación, para denunciar a los que pretenden reclutarlo? ¿Quién, si los limites entre la policía y el crimen organizado son cada vez más difusos, habrá de garantizarle su seguridad y la de sus seres queridos y le proporcionará un escudo para enfrentar a los criminales? Con una pistola en la sien así es como viven hoy millones de mexicanos; ya muchos –víctimas del miedo, la desesperación o la ambición- han sido reclutados por el narco que lenta y consistentemente va extendiendo sus redes a casi todos los ámbitos de la vida. Otros muchos más, la mayoría afortunadamente, se mantienen firmes y dignos y enfrentan solos el peligro. A ellos, a esos, los que están expuestos en la primera línea de la miseria, es decir, la primera línea de acción del narco, que, como todas las desgracias se ceba en los más débiles, a ellos, digo, el país, sus instituciones, les han dado la espalda.

No existe una conexión mecánica entre las posibilidades de un estallido social y el fenómeno de la expansión del poder y la influencia del crimen organizado, las dos amenazas reales y presentes que se ciernen sobre la Nación y la hacen cada día más vulnerable; sí tienen, sin embargo, vasos comunicantes. No necesariamente los pobres por ser pobres se convierten en delincuentes. Al contrario. Muchos de esos valientes que, en el campo mexicano y en las barriadas de las ciudades, resisten y sobreviven han sido colocados, por la acción de los criminales y la omisión del Estado, en una situación límite. El estado actual de las cosas se torna, para ellos, intolerable. Perdida la confianza en que por la vía política electoral se pueden producir las tan urgentes y necesarias transformaciones comienzan a pensar, a sentir, que deben, de otra manera, tomar la iniciativa. El contacto con la violencia cotidiana de alguna manera los vacuna contra ella, les quita el miedo de ejercerla y más si lo hacen en defensa propia. La marginación, el hecho de saberse olvidados y sin oportunidad alguna eleva peligrosamente el nivel de la rabia y la desesperación colectivas; ingredientes indispensables de un estallido. Para muchos levantarse, explotar, rebelarse va volviéndose, ante tantas y tan fuertes amenazas, la única posibilidad de sobrevivir. Más que un proyecto ideológico lo que los impulsa es esa jodida realidad en la que se ven injustamente condenados a vivir.

Miradas las cosas desde lejos esto parece un pregón apocalíptico. Desde la seguridad del empleo y la presión relativa que, por la crisis, sufren las clases medias y más todavía desde los pasillos de palacio, quien habla de estallido parece un loco. También desde lejos y esto lo sufren en el gobierno quienes han diseñado la estrategia de combate al narco, en la seguridad de las colonias-fortaleza de las clases altas, la amenaza del crimen organizado y los esfuerzos del gobierno por combatirlo parecen a muchos un despropósito. En los medios y detrás del recuento de bajas y ajusticiamientos subyace el hartazgo de quienes consideran esta una guerra sin sentido. Libres –así se sienten al menos- de la amenaza directa del crimen organizado no creen necesario hacer todos los esfuerzos para derrotarlo. Se cansan de los muertos que ellos ni siquiera ponen, sin darse cuenta que esos muertos; los policías, los soldados que caen combatiendo dignamente son los que los salvan. Urge sin embargo apagar la mecha de la bomba que en los sótanos de la sociedad, ahí donde ni miran los funcionarios gubernamentales, está a punto de explotar y actuar simultáneamente en los dos frentes; Contra el crimen organizado y contra ese otro crimen de lesa humanidad que es la pobreza. Es preciso aligerar con urgencia las presiones que pesan sobre quienes viven, apenas, entre la espada de la pobreza y la marginación y la pared, la muralla en realidad, que levanta entre ellos y la vida, a sangre y fuego, el crimen organizado. Si el gobierno no quiere, si los partidos tampoco, toca entonces a nosotros, a los ciudadanos, encontrar una manera efectiva de obligarlos a hacerlo. No son ni más impuestos, ni las tan traídas y llevadas reformas estructurales lo que hace falta. No es el capital el que necesita más oportunidades, ni es tampoco que el país, como reza el credo neoliberal- se vuelva “más competitivo”-, se trata de que la viabilidad de la Nación no se nos deshaga entre las manos.

2 comentarios:

el gallo dijo...

Wow!!! Felicidades como siempre, y gracias por brindarnos tan buen análisis. Saludos.

Moisés R. dijo...

Cada vez que leo tus comentarios me siento mas convencido que nuestro problema es encontrar el mecanismo para hacer coincidir nuestro interés para hacer algo mas que denunciar lo que ocurre en nuestro país. Soy un asiduo lector de tu nota y de 10, 20 analistas mas que plantean el mismo panorama catastrófico (no catastrofista) que se presenta en este país si seguimos siendo gobernados por la runfla de zánganos del pri, pan, prd, pt, panal y toda la caterva de políticos que son los responsables de esta terrible crisis en que se encuentra este país y que puede continuar no se hasta donde, quizá hasta que pase lo que ha pasado cada 100 años. Una nueva guerra de independencia? otra revolución? una guerra de emancipación? Ya basta, hagámos algo, no puedo permanecer leyendo tanta historia de terror sobre nuestro futuro, no puedo seguir sentado esperando que algo divino pase, que dios decida que cambia a nuestros políticos. Ya dejé de creer en dios, dios no puede ser el que permite que el rico sea mas rico y el pobre cada vez mas pobre. dime como nos organizamos para encontrar otra alternativa para frenar tanto dispendio, tanto abusco, tanta vileza, tanto robo, estoy harto, tenemos tres años para poder hacer algo, para impedir que se nos siga pisando. Creo en ti, creo en tu crítica, creo en tu grito de alto a toda esta estulticia. Pero ya basta de palabras algo hay que hacer. Tu, yo, otros críticos de este nefasto, estupido, absurdo, inútil sistema tenemos que contribuir a cambiarlo. Pero como. Ya es hora de pasar de las palabras a los hechos. Yo tengo un gran número de propuestas. soy antes que todo un intelectual, te garantizo que tengo cosas que proponer solo espero que alguien me diga como hacemos para crear alguna organización o algun grupo de acción. Tengo ideas, muchos tienen ideas, estoy seguro. Vamos a unirlas para crear algo.

Moisés Cárdenas Alonso