jueves, 22 de marzo de 2007

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO

Herida tras los múltiples escándalos de pederastia que se producen en sus filas y cuyos detalles saltan cada vez con más frecuencia y escándalo a los medios de comunicación. Amenazada su hegemonía por el avance de las sectas evangélicas sobre todo en la zona sur del país y en los sectores más pobres del resto del territorio nacional. Comprometida con la derecha en el poder y por tanto cada vez más distante del verdadero quehacer apostólico; la alta jerarquía de la iglesia católica se apresta a librar una batalla sin cuartel contra las intenciones declaradas de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal de despenalizar el aborto. Hasta el Papa ha mandado refuerzos.

Ya probaron sin éxito los altos dignatarios eclesiales y sus organizaciones afines, su capacidad de movilización cuando este mismo cuerpo legislativo aprobó, en un gesto que lo honra y coloca a la capital en una posición de avanzada, la Ley de Sociedad de Convivencia, “cáncer” según el clero que comienza a extenderse por el resto del país. Hoy habrán de ir más a fondo, necesitan hacerlo; el asunto del aborto, desde el punto de vista teológico-doctrinario y político-organizativo es, para la alta jerarquía, absolutamente vital. El problema no estriba en su decisión de combatir la medida a cualquier costo, cosa que harán sin duda, así se suelten repartiendo excomuniones y anatemas por doquier o escalen la confrontación hasta llegar a la violencia, sino en el terreno donde habrán de librar este combate decisivo y en su orden de batalla.

Muy distinto sería si ciudades como Mérida, Guanajuato o Monterrey fueran el escenario de la confrontación. Muy distinto también era hace años el calibre, el prestigio y la capacidad de convocatoria de los aliados, como Provida, que habrán de ocupar las posiciones de la línea de fuego. ¿Dónde esta la Acción Católica Mexicana o las agrupaciones juveniles que en su momento desataron la guerra cristera? ¿Y el MURO y los otros cuerpos paramilitares que libraron la lucha contra el comunismo? ¿Dónde están? ¿Dónde por otro lado ha quedado esa fe ciega del pueblo mexicano en la integridad de los ministros de culto? ¿Y qué de las mujeres que bajaban la cabeza obedientes y resignadas, se persignaban y seguían teniendo, uno tras otro, los hijos que el macho hacía y Dios mandaba?

Hablo intencionalmente de guerra y uso por tanto términos militares porque, a mi juicio, lo que se avecina es eso: la guerra. Una guerra en el sentido figurado pero en el terreno ideológico-religioso lo que habrá de tener profundas repercusiones -hasta el propio Calderón lo ha reconocido- en la “unidad de los mexicanos”. Como nunca ha quedado al descubierto para el clero la naturaleza “diabólica” de los gobiernos de izquierda. Desde el púlpito, el confesionario y los salones de la alta burguesía trabajaron activamente para impedir el triunfo de Andrés Manuel López Obrador; a contrapelo de la ley hicieron abiertamente proselitismo a favor de Felipe Calderón. Si bien los altos dignatarios han soportado, desde 1987, gobiernos perredistas en la ciudad de México, no estaban dispuestos a perder el país y eso que López Obrador no rozó siquiera, en su gobierno y luego en su campaña presidencial, sus intereses estratégicos.

Nunca, a lo largo de estos años de coexistencia forzosa con la izquierda en el gobierno, había sido la alta jerarquía católica, victima de una afrenta de esta naturaleza. La retórica izquierdista en lo que a diversidad sexual, tolerancia y derechos de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo se había quedado en eso; en sólo retórica. Estridente, molesta pero a fin de cuentas y desde el punto de vista de la curia totalmente inofensiva. Nunca habían llegado las promesas, los deseos a transformarse en hechos concretos. Menos todavía en acciones legislativas de esas que rigen y son capaces de transformar la vida de una de las ciudades más grandes del mundo.

Nací en el seno de una familia católica. De la fe de mis padres nació, como en el caso de muchos otros latinoamericanos, un instinto primordial de justicia. Conocí a Méndez Arceo y a Ignacio Ellacuria y a otros curas que en su trabajo pastoral, en la guerra y en la paz, iluminaron con su ejemplo, sembraron la esperanza en millones de personas. Estoy por la vida y eso implica estar del lado de la mujer que decide sobre su propio cuerpo. Si esta guerra viene –y va a venir- a mí pónganme, insisto, de este lado, sin que eso implique que, aun ya no compartiéndola, falte por esto a la fe de mis mayores.

3 comentarios:

María dijo...

No he visto en la iglesia ni en sus organizaciones afines , que desde el púlpito o en alguna declaración ante los medios , se pronuncie contra la pederastia o contra los crímenes a mujeres ( por citar solo dos ejemplos )y por qué será ? pues porque no tienen fé , no creen en lo que tanto pregonan . Quieren tener sometida y temerosa a la mujer y creo que ya estuvo suave .

ricardo dijo...

es increible la manipulacion que quieren hacer estos dizque "salvadores de vidas"; y al mismo tiempo se ponen tangas como teiboleras eso si es de ripley.

arturo dijo...

YA ESTUVO SUABE DE ATACAR A LA SANTA MADRE IGLESIA CATOLICA,
JACOBINOS DE MIERDA!!!