jueves, 15 de enero de 2009

DE CÓMO PERDER LA GUERRA

Con un saludo a Carmen Aristegui por su regreso y a la familia Vargas por abrir, como en el 94 con la primera entrevista con el Subcomandante Marcos, este espacio a una mirada distinta, valiente y fresca sobre los hechos.

En la guerra no hay peor consejero que el miedo, ni tiene mejor aliado la derrota que la estupidez. El peor general es siempre el político ávido de resultados inmediatos y el más torpe de los estrategas su propagandista de cabecera. Sólo a quienes espanta más el estampido de un fusil que el silbar de una bala, es decir a gente que no tiene ninguna experiencia de combate y que ha visto demasiadas películas, se le puede ocurrir, porque no saben nada, porque no entienden de armas, ni de su uso, ni del peligro que representan, ni de la responsabilidad que implica portarlas, entregar granadas de fragmentación a policías y sin embargo a eso vamos; a apagar el incendio que nos consume con gasolina.

¿Qué piensan la Secretaría de la defensa nacional, la PGR, el CISEN de esta locura? ¿Quién se habrá de hacer responsable cuando los cuerpos desgarrados de victimas inocentes queden regados en la calle?

Que hay que combatir al narco con decisión y con eficiencia está fuera de discusión pero hay que hacerlo con inteligencia, responsabilidad y siempre dentro del marco de la ley y con respeto irrestricto a los derechos humanos. Ciertamente y ante la escalada armamentista del crimen organizado hay que mejorar el entrenamiento y el poder de fuego de las fuerzas del orden. Esto no puede hacerse sin embargo de manera tan brutalmente irresponsable. Un factor determinante de la victoria será siempre diferenciarse del enemigo sobre todo cuando este, como es el caso, procede de manera tan artera, indiscriminada y criminal.

El brazo armado del estado no puede y menos en una situación tan extremadamente delicada como la que vivimos ponerse a soltar bombas, como lo hacen los narcos, a diestra y siniestra. Es de cobardes y terroristas hacer uso de explosivos. ¿Si aquí todo el mundo lanza granadas y expone a la metralla a la gente inocente, quién, a los ojos de esa gente, será el delincuente y quién el policía?

Las granadas de fragmentación sirven sobre todo para asaltar posiciones; para reventar trincheras y fortificaciones. También se usan para detener, en circunstancias muy especificas, el avance de una fuerza enemiga concentrada. Eso hicieron los narcos en Sinaloa hace unos meses cuando una patrulla de la PFP, con táctica policial, se acercaba a una casa de seguridad. Iban los agentes en columna cerrada; al estallar la granada mató de un solo golpe a ocho de ellos. Los narcos huyeron. Someterlos no implicaba, sin embargo, entablar con ellos un duelo de granadazos sino cambiar el procedimiento de aproximación.

Quien lanza la granada, además de estar bien entrenado y sometido a un mando que establece la cadencia y el poder de fuego de acuerdo a reglamentos, a una doctrina, a una visión táctica e integral de lo que está sucediendo en el combate, debe ponerse a cubierto de inmediato pues aun a muchos metros de distancia puede él mismo ser alcanzado y herido mortalmente por las esquirlas.

¿Qué policía en el país tiene ese entrenamiento, esa experiencia, ese rigor? ¿Cuántos entre esos miles de efectivos serán capaces de mantener una estricta disciplina de fuego en medio del fragor de un combate callejero y de medir las consecuencias de sus actos si tienen una granada salvadora –o eso creen ellos- colgada en el arnés?

Las granadas no tienen órganos de puntería; no pueden colocarse, con la precisión milimétrica de una bala, en el corazón del enemigo. Son armas que matan a mansalva, indiscriminadamente. Armas tontas pues, que en este caso, además. han sido entregadas por estúpidos.

Cuando el ejército salió a la calle con blindados y montó en ellos lanzagranadas automáticos los narcos compraron fusiles calibre 50 para penetrar blindajes y granadas de fragmentación. Se hicieron también de bastones chinos RPG7 y de cohetes antitanque de otras características pero igualmente certeros para detener a las tanquetas. ¿Qué señal se les está enviando con esta nueva adquisición? ¿Hasta dónde y cómo se pretende que escalen -porque eso habrá de suceder necesariamente- su poder de fuego los capos?

¿Cuántas de esas granadas entregadas a policías mal pagados, mal entrenados, peor dirigidos y que no han pasado los más elementales controles de confianza habrán de caer en manos de los narcos o de los secuestradores o de los criminales comunes? ¿A qué se aspira con esta medida: a popularizar el uso de los explosivos? ¿A acelerar una derrota, que inmersos en la dialéctica del traidor, se antoja a quienes conducen la guerra ya un hecho irremediable? Alguien tiene que detener esta barbaridad.

3 comentarios:

El Agüelo dijo...

Maestro Epigmenio, ¿usted tuvo una formación militar?
Solo pregunto por eso de que insiste en que sean los especialistas los que hablen de cada tema.

Epigmenio Ibarra dijo...

Mire Ud. debo reconocer que no tengo una educacion militar formal. Algo he leido, desde hace años, del asunto. Lo que se lo aprendi en el terreno pues por mas de doce años estuve en la guerra.

Cubri como periodista -con la camara al hombro ademas- muchas operaciones militares. No le hablo de un viaje o dos a las zonas de conflicto, le hablo de doce años de trabajo continuo en El Salvador y Nicaragua con saltos a muchos otros paises.

Vi, porque anduve con los combatientes, como operan las fuerzas regulares, las fuerzas guerrilleras. Aprendi, para sobrevivir, a medir el impacto y el alcance de las distintas armas y tuve que entender -por eso sigo vivo- lo que son las reglas elementales del combate, la disciplina de fuego, las tacticas de asalto.

Hable largo y tendido con muchos de los jefes militares mas importantes de la historia militar reciente de America Latina y luego me toco saltar el oceano y cubrir la 1a. guerra del golfo persico y la guerra en Bosnia.

No soy academico, es cierto, nada mas conozco la guerra y desgraciadamente muy de cerca. de la guerra la mayoria de los que la han hecho o han sufrido en nuestro pais no se aprende en el colegio sino en el terreno.

Se muy bien -he visto esos cuerpos desgarrados de los que hablo- para que sirve una granada.

El Agüelo dijo...

Gracias maestro, esa era parte de mi duda. Y puedo leer su artículo con desde otra perspectiva.
Después de todo no me va a negar que en el periodismo hay demasiada gente que habla de lo que leyó, o le contaron, o concluyo por ser una persona muy brillante, independientemente que su conocimiento "in situ" del tema pueda ser mínimo o nulo.
Agradezco la oportunidad de conocer algo mas de su formación como periodista.