jueves, 2 de diciembre de 2010

CRONICA DE UN SUICIDIO ANUNCIADO

2ª. de tres partes

No resiste la izquierda electoral mexicana, o lo que queda de ella y pese a tener significados diametralmente opuestos, ni la derrota, ni la victoria. Ambos fenómenos producen en ella una erosión profunda y acelerada. La separan, la rompen, la hacen campo fértil para la discordia, la ponen en la ruta de la auto demolición.

Los instintos suicidas, tan característicos en la historia de la izquierda mundial, se multiplican en la izquierda mexicana a tal grado, tanto por el éxito como por el fracaso electoral, que terminan haciendo, sus propios dirigentes y militantes, el trabajo sucio de la derecha.

Y si quienes preconizan, con el pretexto de cerrar el paso al PRI, alianzas, por ahora estatales con el PAN, se anudan al cuello un lazo con el que habrán, a un tiempo, de ahorcarse y de facilitar el mantenimiento de la derecha en el poder, los otros, los que a estas alianzas se oponen, tienen ya la pistola, por ellos mismos cargada y sostenida, amartillada en la sien.

Dice un amigo europeo que la tragedia del país estriba que, en el 2006, ni el PAN estaba preparado para ganar, ni el PRD de López Obrado preparado para perder. Ambas fuerzas, al final, fueron tomadas por sorpresa y somos todos los que estamos pagando las consecuencias.

Relativamente sencillo, sin embargo, ha sido para el PAN y para Felipe Calderón, desde el poder hacerse a la idea de que gobierna. Tienen muletas para hacerlo; los barones del dinero, la Iglesia y sobre todo la TV, a la que sirven, ante la cual han bajado la testa, mal que bien les han marcado el rumbo.

No es este el caso de la izquierda. La pérdida de la presidencia que sentían, luego de las jornadas épicas y victoriosas del desafuero, prácticamente en el bolsillo, tuvo en ellos un efecto devastador.

Confiado, soberbio, López Obrador minimizó durante la campaña electoral la fuerza letal de los ataques de la derecha. Atento a los números de las encuestas, mirándose en el espejo de las plazas llenas se olvidó de que, esas mismas plazas llenas, no significan necesariamente urnas repletas a favor de ese candidato al que masas vitorean en los mítines.

Menos todavía cuando la TV, el dinero y el púlpito unidos manipulan, haciendo uso de su enorme poder e influencia, a la ciudadanía, cultivando, fomentando en ella el miedo y la zozobra y haciendo brotar los instintos más primitivos para revertir, a veces en los últimos minutos, justo cuando el ciudadano está en la urna a punto de cruzar la boleta, el sentido del voto.

No tuvo López Obrador a nadie, dentro de su equipo, que fuera capaz de decirle “no”, “ese no es el camino”. Lo dejaron, de alguna manera, hundirse. Y esas cuentas, la de esa irresponsabilidad, las de esa ineficiencia de su equipo, ni fueran presentadas por sus colaboradores, ni les fueron exigidas por el dirigente.

Todos se sentían ya en Palacio y en consecuencia obraron. Nadie entre ellos se hizo cargo de los errores. Instalados en la denuncia del fraude, que sí lo hubo pero pudo evitarse, se olvidaron de que ellos mismos, ocupados en el reparto anticipado del poder, cedieron posiciones estratégicas y permitieron a la derecha asestar el golpe.

La unidad en torno a López Obrador estaba fincada en las esperanzas de victoria y no en el compromiso común de transformación del país. Casi el mismo día de las elecciones comenzó la desbandada.

Si los hoy “aliancistas” se quedaron todavía un tiempo a su lado fue mientras creyeron que había alguna posibilidad de revertir el resultado. Luego, ya en sus curules, se apresuraron a tender la mano al vencedor y buscar su tajada del pastel.

Enfrascados como estaban, los dirigentes de la coalición opositora, en negociar las parcelas de un poder que todavía no conquistaban descuidaron el trabajo organizativo. El aparato magisterial de Elba Esther Gordillo aprovechó el vacío e insertó en miles de casillas electorales a sus operadores.

Tampoco de esto y más allá del ejercicio autocrítico de López Obrador, que si reconoció después de un tiempo esta falla, nadie en su equipo se ha hecho cargo.

El propio discurso del candidato opositor, por otro lado, fue, antes de eso, la materia prima de los ataques de los medios masivos de comunicación. Los propagandistas del PAN, siguiendo la ruta de Goebbels, tuvieron a su disposición elementos suficientes para orquestar la guerra sucia.



Fue la elocuencia de López Obrador, buena para el calor y la distancia de la plaza, pésima para la frialdad, la cercanía y la capacidad de escrutinio de la pantalla, la que permitió –y aun permite- a la TV y a muchos medios escritos caracterizarlo, con éxito y ante millones de ciudadanos, como “un peligro para México”.

Más que su programa político lo que causa temor, lo que era y sigue siendo explotado por los propagandistas, es su tono. Más daño hacia –y hace- su retórica encendida que sus ideas y propuestas de gobierno y tanto que pocos le reconocen su enorme esfuerzo para mantener la paz en este país.

Pero de eso –de la institucionalidad de López Obrador y también de Cuauhtémoc Cárdenas- y del camino que puede haber para la izquierda hablaremos la próxima semana.


www.twitter.com/epigmenioibarra

2 comentarios:

Cempazúchitl dijo...

¿Y no te ha pasado por la cabeza que el mexicano medio NO es de izquierda? Tal vez el error siempre estuvo en ti, Epigmenio, en creer que el socialismo puede pegar en México, cuando todos los proyectos de nación que hemos tenido han tendido y la gravitación que ejerce Estados Unidos sobre nosotros hace que tendamos a ser derechistas.
En 5 años que llevo leyéndote nunca te he visto decir que puedes esar equivocado. Son las ventajas que te da el púlpito desde el que pretendes evangelizar -marxistamente hablando, por supuesto- al pueblo de México.

Pedro Lucio dijo...

A veces creo que es trivial la discusión en torno a la política; incluso banal. Pero, somos un país políticamente corrupto; es decir, innegable no hablar de política. Izquierda o derecha, ¿qué significado realmente es en el entorno donde la mayoría es apática e irresponsable de su entorno civil? Si hablamos de democracia es caer en lo meramente mediático. Este país esta en eso, su realidad se basa en esos 500 o no se cuantos diputados y otros tantos senadores. Un presidente de la república y de allí deriva los político. Partidocracia en dado caso y punto. Los partidos políticos que existen en este país son empresas, que a conveniencia y a intereses individuales esgriman sus ideologías. Son el capital que se moldea a conveniencia de quien quiere y tiene para poder hacerlo, llámese narco o poder económico empresarial. En el contexto de las discusiones y debates es clara la polarización que se da, sobre todo cuando se tiene la ventaja de hacerlo en internet. Contexto al fin de un ir y venir de comentarios, ¿donde queda realmente lo que sucede en el país?, ¿donde esta la realidad de la gente?. Me refiero a que se discute, se debate, un millón de comentarios. Si, es importante la discusión, las pruebas, las cifras, pero, ¿revelan lo que le sucede a este país' que hablando de números esta lleno de mas pobres e ignorantes. Seamos de izquierda o de derecha el rumbo que toma este país es dado por lo que somos como nación realmente, una gran masa de hambrientos. El hambre impulsa más cosas que la conciencia. Y ese es el rumbo de las mayorías. ¿A quien culpar? ¿A la izquierda que no es izquierda?, ¿a la derecha que se niega de serlo?. Podemos criticar al de enfrente con toda la fuerza de ideales, conveniencias, razones o mentiras, eso es subjetivo. Cada quien puede hacerlo a como le parezca. Pero las ideas no son lo que sobran en este país lo que sobra es hambre y allí es a donde se mueve. Este contexto en donde los que sabemos leer o pensamos que así es y en que tenemos acceso a la computadora y que incluso se masifica por televisión no es la realidad, es la punta del iceberg falta ver lo demás que es real. Hambre tiene aquel que no sabe como hacerse de comida. Instinto básico buscar como satisfacerla. Si somos un país donde no tenemos una educación adecuada de alguna forma se busca como ganarse la vida, las oportunidades siempre existen. Pero en el salvajismo de él que mas tiene más puede el resultado es el país que tenemos. No cabe la razón donde no hay lugar para ella. Cuando tengamos el agua al cuello ya no habrá lugar para otra cosa que no sea sobrevivir. Y el caos no discrimina, le llega a todos.