jueves, 3 de enero de 2008

2008: ENTRE EL MIEDO Y LA ESPERANZA

Segunda y última parte

No abrimos el año a balazos. Al menos hasta ahora no hay noticias de levantamientos armados en ninguna zona del país. No nos despertamos la mañana del primero de enero con noticias de ofensivas guerrilleras o insurrecciones sociales. Las protestas campesinas contra la apertura de nuestras fronteras a la importación libre de aranceles del maíz y el frijol arrancaron sí, como estaba previsto, pero tibias y desangeladas. Sólo unos cuantos se sumaron a los mítines que se habían planteado como objetivo bloquear los principales pasos fronterizos. La clase política, por su lado, sigue amodorrada, despertando apenas y con resaca de las fiestas navideñas. Otro tanto sucede con la empresa privada que suspendió su apasionada defensa de la libertad de expresión y su campaña de ataques contra el Congreso y los partidos políticos. Los mismos narcos parecen haber decretado una tregua en sus sangrientas pugnas internas y en su habitual confrontación con las fuerzas de seguridad. Regaron, es cierto, unas cuantas cabezas más, hicieron valer –como siempre- la ley de plata o plomo en distintas zonas del país pero no lanzaron operaciones de mayor envergadura. Aunque comienzan ya ha vivirse las alzas de precios en muchos productos y la cuesta de enero se torna aun más empinada, la población acude a los comercios y en medio pues de una calma chicha, se apresta a la celebración del día de Reyes.

Nada sin embargo ha sucedido en estos mismos días de calma y celebraciones que me permita suspender o eliminar el miedo que me acompaña desde hace meses y que los datos de la realidad no hacen más que hacer más grande, más profundo, más justificado. No siento alivio alguno. El peligro de una confrontación armada, desde mi punto de vista, continúa, está firmemente instalado entre nosotros y más instalado todavía por la indiferencia o peor aun el escepticismo conque nos aproximamos a este asunto. Sólo, me parece, se ha alargado un poco más, el tiempo en estos asuntos no tiene importancia alguna, la fase de preparación. Pero ahí siguen muchos velando sus armas y no podemos medirlos con la misma vara.

Se que es el mío un discurso que suena apocalíptico y repetitivo. Hace meses ya que vivo esperando lo peor, anunciando lo peor. Tantas veces he escrito en estas páginas que “ahí viene el lobo” que mucho me temo que mi credibilidad, estimado lector, está para usted a estas alturas del partido, herida de muerte.

Nada me gustaría más en este caso que equivocarme. Veo a mis colegas, en estas mismas páginas, ocuparse de otros muchos asuntos de importancia y yo sigo con el dedo en el mismo renglón. No tengo ningún tipo de información privilegiada. No he hecho ninguna investigación exhaustiva, ni he mantenido ningún tipo de contacto con organismos gubernamentales (la supuesta información de inteligencia entregada a periodistas suele ser sólo una maniobra propagandística disfrazada o una medida activa de las autoridades en su lucha contrainsurgente). Tampoco me he acercado a instancias académicas que manejen información actualizada sobre las amenazas específicas contra la paz social o la conformación y planes de los movimientos armados. Me abstengo además de especular sobre su conformación, sus pugnas internas, sus objetivos. Sólo se por sus acciones más recientes que ahí están y por la situación del país que se sienten con razón para existir y en condiciones para actuar con mayor contundencia.

Por puro instinto, por pura jodida experiencia, por ese olfato marcado por el olor almizclado de la muerte, el sudor y la pólvora voy a contrapelo del optimismo de muchos que piensan que, con sus dificultades naturales y explicables, el país va bien. De otros que creen que, al contrario, las cosas andan mal, muy mal incluso, pero que, pese a todo, puede mantenerse, en el marco de la legalidad, una oposición firme y consistente contra el gobierno federal. Se que para otros el mío es un discurso “demodé”. Los tiempos han cambiado dicen y yo respondo: no tanto. Ya no se puede justificar, ni se puede entender un alzamiento armado dicen y yo respondo que la guerra civil, como el agua, siempre logra abrir nuevas avenidas.

Hay mucha gente en México y con razón que no agunta más. Son muchos los agravios que han sufrido, demasiados los años que han pasado. Sordos han sido los oídos de todos ante sus lamentos y reclamos de justicia y equidad. O cobramos conciencia de esta realidad y promovemos ya, este año que comienza, cambios profundos en nuestro país o, insisto, va a venir el lobo, va a venir.

3 comentarios:

arturo dijo...

lo que este pais necesita es LEY Y ORDEN!!


TAMBIEN NECESITA que los mexicanos abramos los ojos a la manipulacion descarada que hace la izquierda, de la situacion del pais, si al pais le va mal ; a la izquierda mexicana le va bien, ese ha sido su "motto" desde los años 30´s del siglo pasado

QUE VERGUENZA!

Rodrigo Santiago dijo...

¿Y la izquierda en qué ha ayudado eh? Puras marchas, bloqueos y PREDIALAZOS!!! Lo que pasa es que les conviene a los izquierdistas tener al pueblo pobre y al mexicano resentido... ese es su mercado, esa es su audiencia. ¿Si no a quién le darían atole con el dedo?

Fabián dijo...

Coincido con Epigmenio, causa indignación ver esos spots del gobierno explotando la pobreza Chiapaneca, tratando hacernos creer que todo va bien y que el tratado del TLC nos ha beneficiado, esa es una falacia que solo los politicos se creen ya que ahí nos demuestran que tanto conocen las necesidades del pueblo Mexicano, pero no hay que esperar menos de ellos, si son capaz de vender hasta su madre.

Y hay que recomendarles, que visiten dicho estado, donde se sorprenderán de su belleza natural, pero también esperemos y vean la pobreza que nuestra gente vive, si tan bién esta Chiapas entonces porque emigraron tantos a EUA, bueno tal vez porque no soportan tanto desarrollo, y poder adquisitivo, no creen??.

Saludos.