jueves, 1 de mayo de 2008

NI LA BURLA PERDONAN

Urgido, como está, de lavarse la cara ante la opinión pública luego del nunca aclarado escándalo de trafico de influencias en PEMEX, toca ahora al Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño protagonizar la nueva farsa del Gobierno de Felipe Calderón.

Con pretendido gesto de estadista –que, vaya ingenuidad de los colegas, ha logrado engañar a algunos periodistas- se lanza el funcionario con una audacia que “escandaliza” a su comparsa, el PRI, a “aceptar” la propuesta de diálogo que hiciera el Ejército Popular Revolucionario sólo que, con más audacia todavía, ampliando aparentemente la agenda del mismo, al tiempo que, de un plumazo, intenta sacar de escena a los intermediarios propuestos por la organización guerrillera.

Cuando un gobierno y una fuerza insurgente se sientan a dialogar el propósito fundamental de este esfuerzo es encontrar caminos alternos, soluciones políticas negociadas a un conflicto que hasta ese momento se ha dirimido con las armas en la mano. Nadie en su sano juicio y si tiene una voluntad seria y consistente de comenzar un proceso real de negociación pone, sobre la mesa y menos en público, como condición inicial del proceso, una exigencia implícita de rendición a la otra parte. Quien así opera, como Mouriño, se burla no solamente de la guerrilla, sino de la nación entera.

Extender la mano y demandar al mismo tiempo la suspensión definitiva de las hostilidades no es solamente una burla, es una humillación imperdonable al adversario con el que se pretende iniciar conversaciones y conviene recordar que quien humilla a su enemigo paga caro esa estupidez, esa osadía.

Con un gesto que lo enaltece y que habla sobre todo de un giro estratégico al interior de la organización el EPR –que ha demostrado tener capacidad operativa para poner en graves aprietos al gobierno- ha ofrecido suspender temporalmente las hostilidades en tanto se aclara el caso de los militantes de esa organización desaparecidos por la fuerza pública.

Este gesto limitado, pero inédito y muy importante, de una guerrilla que, hasta donde sabemos, no se ha desgastado totalmente en combate, ni enfrenta una situación desesperada, abre una puerta, un resquicio si se quiere, a la búsqueda de una solución negociada al conflicto. Jugar con eso más que un crimen –como decía Fouché- es un error, una tremenda irresponsabilidad.

En lugar de encarar con honestidad esta oportunidad Calderón y Mouriño, atentos sólo al efecto mediático de sus palabras, quizás buscando colocar –como al FAP- a la guerrilla en la posición de intolerancia, se dan el lujo de hacernos, a todos porque la paz es nuestro más sagrado patrimonio, una torpe y sucia jugarreta.

Con soberbia -¿será que cuentan con información de inteligencia confiable y suficiente sobre el deterioro de la guerrilla?- con frivolidad -¿será que no les importa más que el juego propagandístico?- extienden la mano pero sólo para lanzar a su enemigo una bofetada más.

Si realmente Calderón y Mouriño quieren hablar basta y sobra el ofrecimiento de tregua temporal hecho por la guerrilla. Hay además un asunto de justicia elemental que resolver –presentar con vida a los desaparecidos- sólo así se abonaría a la paz, sólo así se conseguiría la confianza del otro.

Hace décadas el EPR está sobre las armas. Que las abandone ni será fruto de ocurrencias como esta, ni habrá de suceder de golpe.

Diez años discutieron los Estados Unidos y el Viet Cong el fin de la guerra en el sudeste asiático. Años también y con la intervención de la Organización de las Naciones Unidas se empeñaron las partes en un proceso de diálogo y negociación en El Salvador. Jamás se suspendieron los combates. Nadie fue tan ingenuo, ni tan insensato para exigirle al otro rendirse para entonces sentarse a hablar. No hubo tampoco urgencias, menos danza mediática.

Sólo afrentas muy graves y profundas lanzan a las partes a tomar las armas. Sólo con tiempo, voluntad, creatividad e inteligencia en procesos sumamente delicados y que, generalmente, se producen en la sombra, logran cicatrizarse este tipo de heridas.

Nada más grave que la paz. Nada más ofensivo que desgastar, con artimañas como las de Mouriño, un recurso –el diálogo- que ha probado ser tan importante en la historia reciente de América Latina y en el que la diplomacia mexicana jugó un papel tan protagónico, tan digno.

Que a otros venga Mouriño con sus cuentos; aquí sabemos como encarar un proceso de diálogo con seriedad, hemos sido testigos y protagonistas, de la solución en la mesa de negociación de guerras civiles tan cruentas y complejas como las de El Salvador y Guatemala.

También por cierto presenciamos la banalización de esta herramienta. Los acuerdos de San Andrés suscritos con el EZLN jamás se cumplieron. Favoreció al gobierno el desgaste de esta organización. ¿Cuál será ahora la respuesta del EPR? ¿Mantendrá la mano extendida? ¿Acusará y devolverá el golpe? Razón tendrán si dicen que no a Mouriño. Ventaja también si dicen que sí.

2 comentarios:

Umbher dijo...

En conclusión: haga lo que haga el gobierno y la forma en que lo haga,
lo habrá hecho mal.

Y sea lo que sea que hagan los terroristas del EPR, bombardear ductos de PEMEX (sin que AMLO y el FAP digan algo en contra), pedir diálogo con el gobierno o no dialogar con él, está bien y aplausos.

En buen plán: ¿Qué quieren usted y la guerrilla con la cual usted tanto simpatiza?
¿Quieren dialogar o no? Y si quieren el diálogo ¿por qué debe ser bajo sus propias condiciones? ¿Por qué mejor el EPR no puso en su comunicado que las condiciones habrían de ser negociadas y que el EPR proponía a tales mediadores, a reserva de que el gobierno propusiera a los suyos?

Y ahora resulta que la paz (y el amor amloísta, le faltó decir) es el más sagrado patrimonio que tenemos. ¿Y el petróleo ya no lo es?

Luis Frost dijo...

pues claro que es una burla, rompe toda regla sobre la negociación. les dicen: entrégame todo lo que tienes antes de que yo te dé algo a cambio. una cosa es no estar con la guerrilla y yo no podría estarlo, otra es tratarlos como imbéciles y olvidarse del pequeño detalle: estos tipos salieron a luchar, a morir y quizá a matar. el peligro está en desdeñarlos.
¿o qué, haga lo que haga el gobierno y la forma en que lo haga, lo habrá hecho bien?